La oportunidad de dios

Había un pequeño pueblo junto al río. Todos allí vivían felices y ofrecían oraciones regulares en el templo del pueblo (Iglesia). Una vez durante la temporada de monzones, llovió mucho. El río comenzó a desbordarse e inundó la aldea. Todos empezaron a evacuar sus hogares y se dispusieron a ir a un lugar seguro.

Un hombre corrió al templo. Rápidamente fue a la habitación del sacerdote y le dijo: “El agua de la inundación ha entrado en nuestras casas y está aumentando rápidamente. Y también ha comenzado a entrar en el templo. ¡Debemos abandonar el pueblo ya que en algún momento todo se hundirá y quedará bajo el agua! Todos se han propuesto ir a un lugar más seguro y usted debe venir”. El sacerdote le dijo al hombre: “No soy un ateo como todos ustedes y tengo una fe plena en Dios. Confío en el Dios que vendrá a salvarme. No dejaré el templo, ¡Tú puedes irte!” Entonces, el hombre se fue.

Pronto, el nivel del agua comenzó a subir y alcanzó la altura de la cintura. El sacerdote se subió al escritorio. Después de unos minutos, un hombre con un bote vino a rescatar al sacerdote. Le dijo al sacerdote: “Los aldeanos me dijeron que todavía estaba dentro del templo, así que he venido a rescatarle, por favor, suba al bote”. Pero el sacerdote nuevamente se negó a irse dándole la misma razón. Así que el barquero se fue.

El agua siguió subiendo y llegó hasta el techo, por lo que el sacerdote subió a la cima del templo. Siguió orando a Dios para salvarlo. Pronto llegó un helicóptero, dejaron caer una escalera de cuerda y le pidieron que subiera al helicóptero para poder llevarlo a un lugar más seguro. ¡Pero el sacerdote se negó a irse dándoles la misma razón otra vez! Así que el helicóptero se fue para buscar y ayudar a los demás.

Por fin, cuando el templo casi se sumergió bajo el agua, el sacerdote mantuvo la cabeza erguida y comenzó a quejarse: “¡Oh, Señor, te adoré toda la vida y mantuve mi fe en ti! ¡¿Por qué no viniste a salvarme?!” Dios apareció frente a él y con una sonrisa, dijo: “¡Oh hombre, he venido a salvarte tres veces! ¡Vine corriendo a ti para pedirte que te fueras al lugar más seguro con otras aldeas, vine con un barco, hasta vine con un helicóptero! ¡¿Cuál es mi culpa si no me reconoces?!

El sacerdote se dio cuenta de su error y pidió perdón. Aún así tuvo su oportunidad de ir a un lugar seguro una vez más,  lo cual aceptó.

Moraleja: En la vida, las oportunidades llegan sin saberlo, sin ningún aviso. En ocasiones no las reconocemos y nos quejamos de que la vida no nos dio la oportunidad de llevar una vida exitosa. Siempre aprovecha cada oportunidad que puedas para hacer una vida mejor.

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